Sinopsis
«Se puede saber mucho de una persona por las cosas que pierde».
¿Adónde van a parar todas las cosas que perdemos? En Dobbiston, una pequeña ciudad del noroeste de Inglaterra, probablemente acaben en manos del señor Daniels, el veterano encargado de la oficina local de objetos perdidos. En un recóndito e inescrutable sótano de las destartaladas instalaciones del ayuntamiento, este entregado funcionario ha dedicado su vida a catalogar y custodiar meticulosamente los despistes de sus vecinos. Huraño y con fama de ser un tanto extravagante —ya descubriremos que eso es quedarse cortos—, tiene una metodología muy particular. ¡Que a nadie se le ocurra trastocarla!
Ahora bien, cuando Toby, un adolescente holgazán y con la descabellada ambición de convertirse en estrella del rock, llega para realizar unas prácticas y «aprender los entresijos de un oficio», la rutina del anciano se tambalea, y su mundo subterráneo, un auténtico tesoro poético, se revela tanto como una prisión solitaria creada por él mismo como un refugio para su singular e indomable creatividad. A regañadientes, ambos acaban implicándose en la vida del otro.
Repleto de humor, conmovedor y profundo, este bello cómic explora la inesperada amistad entre un anciano perdido y un adolescente en busca de su identidad. Gracias a la nostalgia juguetona y el ingenio imperturbable de Dooley, descubrimos una tierna historia de duelo y superación, y también que los pequeños gestos —una frase, una disculpa, un acto de bondad— pueden tener un impacto casi cósmico.
«Matthew Dooley maneja la sombría existencia en un pueblo costero inglés con un estilo melancólico que les resultará familiar a los seguidores de Chris Ware, pero, a diferencia de ese gran profeta del vacío, devuelve un rayo de ternura y optimismo a este olvidado rincón del país». Strong Words
«Un viaje alegremente nostálgico a un pueblo del noroeste de Inglaterra… y un testimonio del poder de la amistad en tiempos de crisis». James Smart, The Guardian














