Maxie Wander

Nació como Elfriede Brunner en Viena, el 3 de enero de 1933, en el seno de una familia humilde. No terminó la escuela: a los diecisiete años entró a trabajar en una fábrica. En 1952, en un acto del partido comunista, conoció a Fred Wander, vienés también, de origen judío, y superviviente de Auschwitz y Buchenwald, que entonces se ganaba la vida como reportero y fotógrafo. Se enamoraron de inmediato y viajaron por todo el país entrevistando a gente, indagando sucesos, refinando su curiosidad por los personajes marginales y su don para la escucha. En 1958 fijaron su residencia en la RDA. En su autobiografía La buena vida, Fred se detiene en las ambivalencias de esta opción: por mucho que simpatizaran con el socialismo, eran muy conscientes del dogmatismo y la estrechez del régimen. Pero su repugnancia ante la doblez de la sociedad austríaca era aún mayor (en uno de sus trabajos en Viena, Maxie había sido secretaria en una empresa que operaba como tapadera para financiar a antiguos nazis y miembros de las SS que vivían en países árabes o latinoamericanos). Desenfadados e ingenuos, con la libertad que les daba su condición de extranjeros (y de «víctima del fascismo» en el caso de Fred), ambos aunaban la doble virtud de hacerse querer por vecinos y desconocidos y de no ser tomados muy en serio por las autoridades. En los siguientes años escribieron reportajes y guiones. Pero su consagración literaria llegó en 1971, cuando Fred publica una de las novelas más originales sobre Buchenwald, que le reportó el Premio Heinrich Mann: El séptimo pozo. Antes los había golpeado una tragedia absurda y evitable: en 1968, su hija Kitty murió al caer en una zanja de obra sin señalizar. Maxie quedaría afectada para siempre, pero se volcó en el trabajo doméstico (un reto hercúleo en una economía de escasez), sus otros dos hijos y la escritura: cartas, diarios, relatos cortos y guiones. Cuando Fred acordó con la editorial Der Morgen un reportaje sobre las mujeres en la RDA, tuvo la certera intuición de delegar el proyecto en Maxie, que se volcó en él con todo su fervor: Buenos días, guapa se publicó poco antes de la muerte de Maxie, víctima de un cáncer, el 21 de noviembre de 1977. El libro fue todo un éxito.

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