Luciano

Nació en Samósata, Siria, hacia el año 125 d. C. y murió en torno al 181 d. C., dejando un importante legado que lo convierte en uno de los mayores genios satíricos de la literatura universal. Fue aprendiz de escultor, ejerció de abogado en Antioquía y recorrió todo el Mediterráneo durante el reinado del emperador romano Marco Aurelio ganándose la vida como conferenciante. Tras vivir varios años en Roma y en Atenas, finalmente solicitó y obtuvo un empleo estable y bien remunerado en la administración romana de Egipto, que le permitió huir de los muchos enemigos que le procuró su afilado cálamo. En definitiva, Luciano no llevó una existencia triunfal, pero tampoco oscura: vivió apaciblemente consagrado a las letras, libre de todo prejuicio y sosteniendo con entereza sus opiniones.

Escribió alrededor de ochenta y dos opúsculos de temática muy variada, pero se le conoce fundamentalmente por una serie de desternillantes diálogos satíricos en los que desacredita todo tipo de creencias religiosas y filosóficas. Compuso también varias parodias de las tragedias clásicas y una novela corta donde se narra un fantástico viaje a la luna, poblada por seres extraños de inverosímiles costumbres, que convierte a Luciano, además, en uno de los abuelos de la literatura de ciencia-ficción.

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