Jean Giono

(Manosque, 1895-1970) fue hijo de un zapatero anarquista y de una planchadora. Acudió durante algunos años a la escuela pero desde muy pronto se formó como autodidacta mediante la lectura de los clásicos. En 1915 fue movilizado y enviado al frente de Verdún. Sobrevivió a los tres años que pasó en la guerra y a los once siguientes, que pasó trabajando como empleado de banca. Los ratos sueltos y las noches los dedicaba a escribir. En 1929 recibió el Premio Brentano por Colline y, un año después, el Premio Northcliffe por Regain. Fue entonces cuando decidió dejar el banco y dedicarse por completo a la literatura.

Durante los años treinta se implicó más y más en todo tipo de cuestiones políticas, desde posiciones que oscilaban entre el anarquismo y el comunismo, y haciendo siempre una defensa cerrada del pacifismo. En esa época publicó Que ma joie demeure y Las riquezas verdaderas, que tuvieron gran éxito y asentaron su renombre como escritor. Al hacerse públicos los indicios que poco a poco anunciaban la Segunda Guerra Mundial, Giono publicó tres importantes ensayos pacifistas: Refus d’obéissance, Lettre aux paysans sur la pauvreté et la paix y Recherche de la pureté. Al poco fue arrestado bajo el cargo de «pacifista» y pasó una parte de la guerra en la cárcel. Paradójica e injustamente, hacia el final de la contienda fue acusado de colaboración y arrestado de nuevo, si bien había proclamado firmemente su oposición al nazismo. Fue liberado en enero de 1945, pero sin haber sido inculpado. Su rehabilitación pública llegó tan sólo en 1954, al ser invitado a formar parte de la Academia Goncourt. Meses antes había publicado El hombre que plantaba árboles, un relato que lo haría universalmente conocido.

Giono murió de un infarto en 1970, dejando tras de sí una obra literaria amplísima (una treintena de novelas y varios libros de teatro y poesía) que aúna en un solo movimiento la búsqueda literaria y el compromiso ético.

Dos décadas después de su muerte se publicaron las entrevistas que le realizaron los hermanos Jean y Taos Amrouche, que dan prueba del apoyo constante, personal y valiente de Giono a la Resistencia, desde una posición individualista pero absolutamente solidaria frente a los nazis y la barbarie de todas las formas de opresión.

Giono